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No son dos creencias

Creer es dar valor de realidad a algo que no conocemos con certeza: "creo que son las 5", "creo que Pepe vendrá", etc.

(No creemos lo que conocemos con certeza: no creemos que 2 + 2 son 4, sabemos que son 4).

Sobre esto del virus hay dos posiciones extremas (y las posiciones de los tibios o gordos, que dicen una cosa u otra, según el momento):

  1. Los que dicen que hay algo llamado "virus", y que son seres vivos que nos atacan (pueden dañarnos, matarnos).

  2. Los que piden que se aplique el sentido común, y que dado que nunca nadie ha aislado un virus, ha demostrado que existan los virus, pues es un error, falsedad, o mentira, afirmar que existen. En particular sobre el Covid, el ministerio de salud de España ha dicho que no tiene constancia de nadie que lo haya aislado, el gobierno irlandés parece que dijo lo mismo en su parlamento, etc.

La primera posición (creer que existe un virus maligno, que nos ataca), sí que es una creencia (como creer que existen vacas voladoras que nos atacan), porque tampoco nadie las ha visto.

La segunda no es una creencia, es atenerse a los hechos conocidos hasta ahora (que el ministerio dice que no existe).

El profesor y el alumno

A veces la gente que cree en el virus, discutiendo sobre ello, dice: "cada uno tiene sus creencias", calificando de creencia lo que dice el otro. Ya hemos visto que no es una creencia.

Y no suelen "abrirse" a lo que dice el otro, preguntando por las pruebas de su afirmación (la web del ministerio de salud donde afirma eso, etc.). Es decir, se creen en posesión de la verdad (por lo que no creen que el otro pueda enseñarles algo).

Esta actitud sería cómica si fuera entre un alumno y su profesor, al que, como respuesta a su clase de matemáticas, el alumno le dijera al profesor que afirmar que 2 + 2 son 4 es creencia del profesor, pero no la suya. Y llevaríamos al niño al psicólogo si el alumno arguyera un "derecho a equivocarse", defendiendo que "tenía derecho a creer que 2 + 2 son 5".

Cuando somos mayores, ya no tenemos a nadie que nos lleve al psicólogo, y cada uno nos creemos en posesión de toda la verdad: "yo creo que 2 + 2 son 6", "pues yo que son 7", "pues yo 9".

Y luego, en este psiquiátrico que se ha convertido el mundo, nos sorprendemos de que los políticos digan que "las vacunas no son obligatorias pero al que no se vacune le vamos a coaccionar para ello".

Cuando Dios nos dice que nos hagamos "como niños", nos dice que toda la vida seamos alumnos, continuamente abiertos a aprender cosas, a reconocer nuestras ignorancias. A partir del momento que dejamos de aprender, dejarnos de cambiar (para mejor), nos comportamos como máquinas, que siempre hacen lo mismo. Dejamos de ser humanos.

Comprensión sobre todo de lo que hacemos mal; aprecio a todos no quiere decir que invitemos a todos a tomar café en casa.

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